Me quedé sorprendida un par de segundos, pero contesté la videollamada.
Al instante, la cara seria de Mateo apareció en la pantalla.
Me quedé un poco pasmada y pregunté sin pensar:
—¿Qué pasa?
—Embi quiere verte.
El hombre habló con indiferencia y enseguida le pasó el teléfono a la niña.
Enseguida, la carita tierna de Embi apareció en la pantalla:
—¡Mami!
Cuando la vi, mi corazón se iluminó de inmediato.
—¿Qué pasa?
—Nada, nada —se rio—, es que papá me preguntó si extrañaba a mami y si quería ll