Cuando los dos niños despertaron, él salió corriendo.
Luki se frotó los ojos, miró por la habitación y preguntó:
—¿Padrino?
Nadie le contestó, aunque abajo se escuchaba el ruido de un carro. Enseguida se bajó de la cama, corrió la cortina y miró hacia afuera.
Embi, frotándose los ojos, se levantó y le preguntó:
—Hermano, ¿ya llegó papá?
—Parece que sí.
Luki, al decir eso, de repente recordó algo, regresó corriendo, tomó su mochila de osito y sacó de adentro la tablet que su mamá le había dado.
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