Todo mi cuerpo temblaba, la vista se me nublaba. Algo me latía dentro de la cabeza.
En medio de todo ese caos, Mateo y yo nos miramos.
Me observaba en silencio, con los ojos llenos de tristeza y algo que parecía burla.
Era como si me dijera con la mirada: “Mira, aunque te esforzaste en quitarle el riñón a mi madre, igual no pudiste salvar a la tuya.”
No había podido salvarla
¡Incluso…!
Mamá había muerto por mi culpa. Por no descubrir antes la trampa de Camila…
¿Qué iba a hacer?
Había perdido a l