—Lo que dije es la verdad, señorita Aurora. De verdad no conozco a esta mujer —dijo la amante con un tono que trataba de dar lástima.
—Hace un rato, en la disco, como usted dejó que estos guardaespaldas me lastimaran sin parar, no tuve otra opción más que decir lo que quería oír: que me habían pagado para seducir a su papá. Y lo de la foto de esta mujer que me mostró… también lo acepté porque tenía miedo de que me siguieran haciendo daño. Pero, en realidad, no la conozco de nada. Se lo repito: y