En la habitación, le conté a Carlos todo sobre la enfermedad de mamá.
También le hablé de la infidelidad de papá.
Él se quedó paralizado, sin decir palabra.
Pasó un rato antes de que, tratando de sonreír, me dijera:
—Aurorita, déjame pellizcarte, debes estar en una pesadilla.
—¿Cómo va a estar mamá tan enferma? ¿Y papá, infiel? Dale… Si te sientes mal, mejor duerme un poco, pero no me digas esas cosas, ¿sí? Que mi pobre corazón no aguanta esos sustos.
Sentí los ojos arderme.
Las lágrimas me nub