¿De verdad se había encaprichado conmigo, hasta el punto de considerarme de inmediato como algo suyo?
¿Por eso no soportaba verme arrodillada ante otros ni permitía que alguien me humillara así?
Aparté la mirada rápido; el corazón me latía acelerado, dándome varios golpes seguidos en el pecho.
¿Qué hacía ahora?
Por un lado, tenía que encontrar la manera de esquivar la "tortura" del señor Felipe; por otro, también debía pensar cómo librarme de este pervertido.
Mientras me entraba el pánico, la se