—Anda, come. Cuando termines el desayuno, te llevo a ver a mamá y papá.
Cuando lo oí mencionar a nuestros padres, me di cuenta de que llevaba mucho tiempo sin visitarlos.
Asentí y, en silencio, tomé unos panes y empecé a comer.
Cuando Carlos y yo salimos de casa, de repente sonó su celular.
Solo por su cara de felicidad y ese tono tan tierno, supe de inmediato que era su novia la que llamaba.
Yo me quedé sonriendo a un lado, con los labios apretados.
Al poco rato, Carlos terminó la llamada.
—Aur