Yo también bajé.
Frente a mí había una tienda de pinchos.
Entramos y la dueña se nos quedó viendo.
Pensé que era porque Javier era muy guapo.
Pero resultó que nos conocía.
—¡Ay! ¿No son Javier y Aurora?
Miré a Javier, completamente sorprendida.
Él le sonrió a la señora y asintió, luego me tomó de la mano y entramos más al fondo.
No pude contener mi sorpresa y le pregunté:
—¿Qué pasa? ¿Cómo es que nos conoce?
—Porque en ese entonces veníamos mucho aquí a comer. Tu comida favorita era el pincho de