Frente a la tumba habían dos sombras: Miguel y la madrastra de Mateo.
Con la cara tensa, Miguel miraba la tumba.
Su esposa lo empujaba una y otra vez, como apurándolo a arrodillarse.
En ese momento, algo cambió en la mirada de Miguel. Después de contenerse durante un buen rato, por fin se arrodilló lentamente.
La madrastra sacó rápidamente su teléfono para tomarle fotos, como guardando evidencia para después mostrársela a Mateo.
Javier lo observó y de repente se rio, lleno de desprecio.
—Mira es