El guardaespaldas puso los platos sobre la mesa y me dijo:
—Señorita Cardot, si esto no es suficiente, puede avisarnos. Podemos traerle más.
—No, no, es más que suficiente.
Miré toda la comida frente a mí y sentí calor en la frente.
¡Eso era suficiente para alimentar a una familia entera todo el día!
—Entonces, señorita Cardot, buen provecho.
El guardaespaldas se despidió con respeto y fue hacia la puerta.
Justo cuando iba a cerrar con llave, se giró y agregó:
—Por cierto, Mateo me pidió que le