Mateo me miraba en silencio. Sus ojos tenían una intensidad que me ponía incómoda. No pude evitar dar dos pasos hacia atrás.
Sintiendo una presión en el pecho, le dije:
—¿Por qué me miras así? Ven, dime algo.
Mateo se rio en mi cara y dijo con burla:
—¿De verdad crees que yo tengo que ayudarte a recordar lo que a ti se te olvidó?
—No, o sea... Sé que tengo mala memoria, pero no lo olvidé a propósito. Podrías explicarme un poco, darme alguna pista. Así tal vez lo recuerde. No hace falta que me h