—¿En serio crees que te odio tanto solo por esa vez que me insultaste?
De inmediato, Mateo me apretó la cintura.
Me miraba intensamente, en sus ojos no solo había resentimiento y rabia, sino también algo más… ¿dolor? Como si yo hubiera hecho algo que de verdad no podía perdonar.
Mi cuerpo estaba agotado, y mi corazón todavía más.
Lo miré con resignación y pregunté:
—Mateo, ¿qué es lo que piensas de verdad? ¿O qué fue lo que hice para que me odies así? Dímelo de una vez, ¿quieres?
Esa pregunta… c