En ese momento, escuché una voz que me sonaba conocida desde atrás, con algo de emoción y respiración agitada.
Me volteé y vi a Alan corriendo hacia mí, se le notaba la urgencia. Estaba sudando y parecía muy apurado.
Lo miré y pregunté:
—¿Tú también estás aquí?
—¿Qué quieres decir con “tú también estás aquí”? —dijo Alan.
—Yo siempre he estado aquí, ¿no? Vine a buscarte, ¿a dónde te fuiste? ¡Casi me muero de preocupación! Si no te encontraba, Mateo ni cuenta se iba a dar...
—¿Viniste a buscarme?