Retiré la mano de inmediato, contuve la respiración y cerré de nuevo la puerta del cubículo, dejando una rendija mínima. Esperé unos segundos y, como nadie entró, me di cuenta de que, en cambio, desde el baño de hombres que estaba frente a mí empezaban a salir voces.
La abrí con cuidado y, agachándome un poco, me acerqué a la puerta del baño masculino. No era que tuviera la costumbre de espiar conversaciones ajenas, pero sí tenía curiosidad; quería saber qué sentía en serio Ricardo por la señori