Cuando escuchó que Ricardo insistía con ese tipo de preguntas, la señorita Alma se rio, burlona. Apoyó ambas manos detrás de sí sobre el lavabo y lo miró, desinteresada.
—Mira que tú… estás a punto de casarte con Renata y sigues obsesionado con quién ocupa mi corazón. Cualquiera que nos oiga pensaría que te intereso.
—Alma… —dijo él en voz baja. En esa voz había contención, resignación… y un dolor que no se podía ocultar.
Me quedé intrigada.
"Cada vez me convenzo más de que su alianza con el señ