Por un segundo, me quedé quieta y no pude evitar reírme un poco. ¿En serio se me notaba tanto?
Él me revolvió de nuevo el cabello, sonriendo, y me dijo:
—Ya. Tenemos que volver, si no el señor Felipe va a sospechar.
Asentí y solté el abrazo de su cintura. Con cuidado, me acomodó los mechones que se me desordenaron, me alisó el borde del vestido y me advirtió en voz baja:
—Salgo yo primero. Tú espera unos minutos y luego sales. Mantén el papel, ¿sí? Que no se note nada.
—Sí —le respondí, y lo mir