Lo miré con total seriedad, porque me parecía innecesario. A esas alturas, que quisiera ayudarnos o no ya no era lo importante; lo único que importaba era que no nos hiciera daño a escondidas a Mateo y a mí. Además, yo no quería volver a tener ningún vínculo con él.
—Si puedes irte, entonces vete cuanto antes —le dije en voz baja—. No quiero deberte nada.
Javier sonrió, pero era una sonrisa triste y forzada; sus ojos enrojecidos brillaron con lágrimas contenidas.
—No es que sea "una deuda". Desp