Mateo habló con voz grave:
—Entonces dilo.
Waylon le replicó:
—Ay, pero antes tienes que decirme "señor Waylon", ¿no? Anda, llámame un par de veces "señor Waylon" y te lo digo enseguida.
Mateo sintió que aquel hombre solo volvía a burlarse de él. Una punzada de fastidio impaciente le recorrió el pecho.
Respondió sin ninguna emoción:
—Si no vas a hablar, da igual. No me interesa saberlo.
—¿Qué? Pero si es un descubrimiento importante sobre tu esposa. ¿No quieres saberlo? —Waylon respondió, sorpre