Mateo habló con voz grave:
—Entonces dilo.
Waylon le replicó:
—Ay, pero antes tienes que decirme "señor Waylon", ¿no? Anda, llámame un par de veces "señor Waylon" y te lo digo enseguida.
Mateo sintió que aquel hombre solo volvía a burlarse de él. Una punzada de fastidio impaciente le recorrió el pecho.
Respondió sin ninguna emoción:
—Si no vas a hablar, da igual. No me interesa saberlo.
—¿Qué? Pero si es un descubrimiento importante sobre tu esposa. ¿No quieres saberlo? —Waylon respondió, sorprendido.
Mateo mantuvo el mismo tono indiferente:
—No, no quiero. Adiós.
—¡Espera, espera un momento! —Waylon dijo con frustración, ya sin recursos—. ¡Tu esposa no está donde Jeison!
Mateo se puso serio de inmediato.
—¿Dónde está entonces? ¿Y cómo lo sabes?
Waylon se rio; aquello sonaba igual que lo que Henry le había preguntado antes.
—Piénsalo tú mismo. En toda esta finca, ¿quién más querría capturar a tu esposa y además tiene la capacidad de quitársela a Jeison?
Mateo quedó intrigado.
—¿Quieres