—Tú ni siquiera usas la cabeza para pensar —dijo Waylon con desprecio—. Si en serio quisiera rescatarte, ya habría venido hace mucho. Un hombre como él, con tanto dinero y al que no le faltan mujeres, ¿crees que arriesgaría su vida por una mujer común como tú? Solo una tonta enamorada como tú sería capaz de creer que un hombre en serio pondría su vida en riesgo por amor.
—¡Basta, no sigas hablando! —grité de repente, desesperada, mirándolo a él y a Alma con los ojos llenos de lágrimas—. Él dijo que vendría a buscarme, que por mí fue capaz de seguirme hasta aquí e incluso se atrevió a entrar solo en esa ciudad de subastas tan miedosa. No hay ninguna razón para que me deje aquí botada.
—¡Ja! —me lanzó Waylon una mirada burlona—. Esa ciudad de subastas no se compara con esta mansión; aquí todo es peligro. Además, el señor Pedro lo está buscando. Él no es ningún tonto y sabe muy bien que no puede quedarse aquí mucho tiempo; si puede rescatarte de paso, claro que lo va a hacer. Pero si tien