—Pero él me juró que vendría a rescatarme; en serio confié en él con todo mi corazón. Me la pasé esperándolo día y noche como una tonta, convencida de que iba a aparecer. Pensé que en serio me amaba, pero al final todo resultó ser un engaño, pura mentira. Usted tiene razón, los hombres solo piensan en ellos mismos. Si de verdad estuviera aquí y usted nos diera un cuchillo para elegir, él no dudaría ni un segundo en apuñalarme a mí. Ay… ¿cómo puede ser tan así? Me decía que yo era lo que más quería, ay…
Lloré tanto que sentía que me faltaba el aire y las palabras me salían cortadas. Como era de esperarse, Alma me lanzó una mirada que se volvió todavía más compasiva. Entonces llamó a una de las empleadas y le ordenó que abriera la jaula de una vez. Cuando se escuchó el ruido del candado de metal al abrirse, Alma se dirigió a mí.
—Ya está bien, deja de llorar y sal de ahí —me dijo.
Dije que no mientras me abrazaba las rodillas, fingiendo una tristeza tan profunda que no me daban ganas de