Ella no había mentido. En cuanto Pedro le pidiera algo al príncipe, Guillermo sin duda iba a aprovechar para imponer condiciones. Pero Mateo ya no podía preocuparse por eso; en ese momento, lo único que quería era sacar a Aurora sana y salva, así que no podía esperar ni un segundo más.
Cuando vio que los dos seguían en un punto muerto, Mateo le dijo muy serio a Pedro:
—¿Todavía necesitan pensarlo? Perdón, pero no tengo paciencia. Al final, depende de ustedes decidir qué es más valioso: una simpl