—Mira nada más cuánto confía en ti la señorita Alma —dijo Waylon—; hasta te llamó aparte para hablar a solas. Ni Jeison, ni Henry, ni yo tenemos ese trato.
Suspiré.
¿Oportunidad?
En ese momento, si hubiera elegido mal, si hubiera traicionado a la señorita Alma, ahora mismo ya estaría muerta.
Unos golpes secos sonaron en el vidrio. La señorita Alma le pegaba a la ventana.
El vidrio bajó un poco y dejó ver que estaba impaciente.
—¿Van a subir de una vez? Si me muero de hambre, ninguno de ustedes