Mientras hablaba, dio un paso adelante. La cicatriz de la muñeca brilló hiriente bajo la luz del reflector, y en su voz se notaban la urgencia y una sensación de injusticia contenida.
Esa era la expresión que había ensayado mil veces: cómo reaccionaría el verdadero Darío si lo acusaran sin razón.
Cuando vio cómo reaccionaba, el señor Felipe no pareció sorprendido; se notaba que conocía bien su genio.
En cambio, Ricardo lo miró con más atención; la forma en que lo evaluaba se volvió más intensa.