Capítulo 1696
Por seguridad, Mateo siguió con la mujer muda como rehén.

El edificio donde tenían encerrada a Aurora ya había recuperado la calma. Los cadáveres del suelo habían sido retirados; sin embargo, la sangre aún no se había limpiado y el piso estaba cubierto de manchas de un rojo intenso. En el aire se mezclaba un olor fuerte a sangre con un hedor de putrefacción que provocaba náuseas.

La mujer muda se tapó la boca y le dieron arcadas.

Pedro se preocupó por ella y enseguida le preguntó a Mateo:

—¿Sabe
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Yaz Escobedo Barronesto ya esta horrible! ......
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