Cuando el señor de Valkitlaz recibió la noticia y regresó rápido, Mateo ya estaba saliendo del castillo con la mujer muda como rehén.
El joven señor había traído a mucha gente y también estaba ahí el príncipe de Germania. Ambos iban al frente y, detrás, había un montón de guardaespaldas armados. Con una sola orden del príncipe, los hombres cercaron la zona por completo.
Ante semejante despliegue, a Mateo casi le dieron ganas de reírse, pues cualquiera que no supiera lo que pasaba pensaría que es