Capítulo 1638
Volteé a ver a Carlos y le dije:

—Espérame un momento, dejé el celular en el reservado.

Carlos iba a abrir la puerta del auto.

—Voy yo a buscarlo.

—No hace falta, voy yo.

Mientras hablaba, ya me había dado la vuelta para entrar otra vez al restaurante. Sin embargo, apenas llegué al segundo piso, me quedé paralizada y no pude dar ni un paso más. Una figura muy conocida estaba saliendo de ese salón.

¿Quién más podía ser sino Mateo?

Me quedé mirándolo, inmóvil; el corazón me latía muy fuerte.

Esta
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