Si eso era cierto, Mateo estaba subestimando demasiado mis dotes para la actuación. Que no se le olvidara que yo me gradué formalmente en esa carrera y, además, con notas excelentes.
Mientras, con mucha indignación, pensaba en eso, de repente llegó un escándalo desde afuera del baño, como si los guardaespaldas hubieran entrado todos al mismo tiempo. Justo después, estallaron sus risas vulgares.
—¡Increíble, Darío! Hasta le dañaste una pata a la cama —exclamó uno entre risas.
—Eso, eso. Mira cómo