Apenas llegué a mi departamento, me encerré. Aparte de cuando pedía comida a domicilio, casi no tenía contacto con nadie. Javier venía a verme de vez en cuando, pero casi nunca subía a tocar la puerta; se quedaba abajo, mirando hacia mi ventana. En cuanto yo lo veía allá abajo, le cerraba la cortina.
De verdad no entendía por qué había hecho todo lo posible por separarnos a Mateo y a mí. Él sabía muy bien que, pasara lo que pasara, yo nunca iba a estar con él, pero insistía. Supongo que pensaba