Lo empujé con todas mis fuerzas y le grité, desgarrada:
—¡Vete... vete de aquí...!
El niño cayó al piso y se puso a llorar de inmediato; fue un llanto que partía el alma, lleno de dolor y de una tristeza que no se podía aguantar.
"Mamá... ¿por qué no me quieres? Mamá... Me duele mucho, mamá... buaa... quiero que mi mamá me abrace... buaa... Mamá... mamá... ja, ja, ja, mamá... Me gusta más mi mamá que nada. Mamá, no me dejes, ¿sí? Me voy a portar bien, no voy a llorar ni voy a hacer berrinches. Q