Lo miré, con la cara empapada en lágrimas.
Nunca imaginé que algún día él sería capaz de rebajarse hasta ese punto por mí. Cuando lo vi así, el corazón me dolía de verdad; un dolor profundo, insoportable. ¿Cómo podía dejar de hacerle daño? Yo había hecho todo lo posible por amarlo, y aun así, lo único que parecía darle eran heridas. Sabía que Mateo de verdad trataría al niño que esperaba como si fuera suyo, pero ese niño, para él y para mí, no dejaba de ser una humillación.
Mientras ese niño e