Me quedé paralizada al escucharlo. Esa última frase era una advertencia muy clara sobre el video de esa noche; me estaba amenazando. Si me atrevía a irme con Alan, él le iba a mandar ese video a Mateo. De inmediato, el coraje me invadió por completo. Temblaba entera y sentía el pecho lleno de dolor, humillación y odio. ¿Qué pleito tenía conmigo para querer llevarme hasta este punto?
—¡Cierra la boca! —le gritó Alan furioso a Javier y luego se volteó hacia mí—. Vámonos ya. No le hagas caso, nada