—¡Ya basta! —interrumpí al médico, muy seria y decidida—. No lo quiero. Prográmeme la cirugía.
Cuando vio que estaba decidida, el médico me dijo:
—Está bien, está bien. Piénselo bien. Esta noche no se puede hacer el procedimiento porque el médico jefe no está. Venga mañana en la tarde, le doy cita a las tres.
—Está bien.
Cuando salí del hospital, se volvió a nublar y empezó a lloviznar. Me quedé parada bajo la lluvia mucho, muchísimo tiempo, hasta que el cuerpo y el corazón se me congelaron por