Sentí un vuelco en el corazón; al final, él sí se dio cuenta de que hoy me iba. De inmediato sentí una tristeza muy grande y unas ganas horribles de no separarme de él. Mateo se volteó para mirarme; en el fondo de sus ojos se le veía la tristeza, pero aun así me sonrió.
—Aurora, no te olvides de nuestro acuerdo de un mes —me dijo—. Hoy te dejo ir, pero en un mes tienes que volver conmigo, ¿entendiste?
Asentí con ganas, salté de la cama y me le tiré a los brazos mientras lloraba.
—Espérame, voy a