Entré corriendo apenas escuché el ruido y en ese instante Mateo levantó la cabeza para mirarme. Esa mirada penetrante me estremeció; reaccioné de inmediato y quise voltearme para huir, pero un segundo después Mateo me abrazó muy fuerte por detrás. Su voz, ronca y llena de rabia y un poco de tristeza, sonó detrás de mí:
—Aurora, ¿cuánto tiempo más piensas esconderte de mí?
Claro… él había sacado a Alan a propósito y también había fingido caerse de la cama, todo para obligarme a aparecer. Yo lo sa