Mis dedos acariciaron su pecho mientras desabrochaba uno a uno los botones de su camisa. Su cuerpo estaba tenso y parecía confundido. A medida que mis besos lo recorrían, por fin pareció no poder aguantar más y, de repente, me empujó con fuerza contra la pared. Sin embargo, después de eso no hizo ningún movimiento, solo respiraba fuerte y sus ojos enrojecidos me miraban fijamente.
—Mateo...
Susurré su nombre y extendí la mano para acariciarle la cara, pero él la apartó rápido. Se echó hacia atrá