Camila siguió hablando:
—Llamas de repente para decirme esas cosas y... claro que me duele, ¿cómo no me voy a sentir herida?
En serio admiraba a esa mujer.
Podía estar furiosa, pero nunca perdía su tono meloso ni su habilidad para manipular con falsa ternura.
Bruno guardó silencio un par de segundos y luego se rio de forma extraña.
—Nada, era solo una broma.
Camila se molestó, confundida.
—¿Qué clase de broma es esa? No tiene ni pizca de gracia.
Bruno respondió con una voz más baja, cargada de i