Parecía que Alan quería que Mateo hablara. Pero en mi recuerdo, aunque Mateo podía ser irónico cuando quería, nunca fue alguien bueno para discutir. Ni siquiera podía ganar una pelea verbal contra Alan; mucho menos contra alguien más.
Y, tal como imaginé, por más que Alan le daba patadas en la pierna, Mateo no reaccionaba en absoluto.
Alan terminó furioso mientras bebía café.
Javier entró con total calma. Levantó una mano y me puso el brazo sobre los hombros.
En ese instante, sentí una mirada hi