Todo mi cuerpo se estremeció; yo misma quedé sorprendida. Cuando dije que el señor Pedro vendría a rescatarme, en realidad solo estaba apostando. Pensaba que Mateo estaba trabajando para él, y que, si sabía que yo estaba en peligro, sin duda le pediría ayuda al señor Pedro.
En el fondo, no era más que una suposición. Incluso llegué a pensar que, si el señor Pedro no venía, al menos podría ganar algo de tiempo para ver si la señorita Alma encontraba la manera de salvarme. Pero jamás imaginé que e