Por suerte, Darío me había dado ese aviso a tiempo. Pensando en ello, le lancé una mirada de reojo sin levantar sospechas. En el rabillo del ojo, Darío seguía mostrando esa ferocidad de siempre.
Respiré hondo y aparté la mirada. Ese hombre... tenía que averiguar a toda costa si de verdad era Mateo.
Cuando terminé de hablar, los tres hombres guardaron silencio durante un buen rato. Parecía que estaban sopesando la veracidad de mis palabras.
—Entonces, ¿descubriste algo estando junto a Alma? —me p