Mateo no dijo nada. Ni siquiera me miró.
Salió de la habitación.
En cuanto se fue, Embi me dijo:
—Mami, mejor baja a comer. Es que el olor de esa comida no me gusta. Mi pancita todavía está mal...
Lo dijo mientras se tapaba la naricita con su manita regordeta, muy seria.
De inmediato entendí lo que intentaba hacer.
Era tan evidente que hasta Javier debía haberlo notado.
Pero, para mi sorpresa, Javier giró la cabeza y me dijo:
—Entonces baja más tarde. Embi todavía no se recupera. Es mejor que no