—Entonces regresamos directo a casa. —¿Quieres que Javier te revise? —dijo mi padre, preocupado.
Me pareció bien, así que asentí.
Cuando volvimos a la casa, solo Javier estaba allí.
Estaba sentado frente a la mesa del comedor, mirando las bandejas de comida sin tocarlas, perdido en sus pensamientos.
Mi padre y yo entramos, y pasaron varios segundos antes de que reaccionara. Se levantó enseguida y vino hacia mí.
—Aurora, ya volviste —dijo con una sonrisa forzada.
Le devolví la sonrisa y asentí.
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