La cara de mi padre se puso seria de inmediato. Se veía incómodo, y al mismo tiempo parecía temer irritarme.
Habló con cautela:
—Aurora, ¿de verdad tienes que poner esa cara de asco? Soy tu padre. Esa mirada tuya, como si te dieran náuseas solo verme… de verdad me duele. Además, ¿no habías dicho que ya me habías perdonado? ¿Por qué vuelves a tratarme así?
No supe si fue por el perfume empalagoso que traía encima, pero el estómago se me revolvió con fuerza. Salí del auto rápido, me apoyé en la p