Lo único que me consolaba era que, por lo visto, los dos estaban convencidos de que, a esa hora, nadie iba a pasar por ahí; por eso no se escondían y se besaban, se abrazaban, sin pudor.
“Bueno, ahora Carlos ya no puede seguir engañándose”
Mientras los veía besarse con tanta pasión, saqué el teléfono y grabé un video de toda la escena. No necesitaba escuchar lo que decían; con esas imágenes era más que suficiente. Cuando terminé, regresé al auto y conduje de vuelta. A mitad del camino, llamé a m