En cuanto llegamos a casa, Mateo se fue directo al baño.
Pasó tanto tiempo ahí dentro que empecé a preocuparme.
El agua caía sin parar y él no respondía.
Golpeé la puerta con los nudillos.
—Mateo...
Nada.
Solo el ruido del agua cayendo.
Se me apretó el corazón.
¿Y si se había desmayado?
Todavía tenía heridas en el brazo...
Sin pensarlo más, giré la perilla y abrí la puerta.
Y me arrepentí al instante.
Mateo estaba perfectamente de pie bajo la ducha, el agua resbalándole por el cuerpo.
Lo vi todo