—¿Quién anda ahí?
De repente, un cuchillo voló directo hacia la ventana al lado mío.
El vidrio estalló en mil pedazos.
Aguantándome las ganas de gritar, me lancé hacia un costado, cubriéndome la cabeza.
—¡Alto! —reconocí al instante la voz de Mateo, llena de urgencia.
Antes de que pudiera recuperar el aliento, una sombra alta y fuerte corrió hacia mí.
Asher saltó por la ventana rota y, cuando me vio, se quedó paralizado.
—Señorita... ¿era... usted? —balbuceó, atónito.
Mateo llegó un segundo desp