—No es eso, solo me preocupé por ti, no es que yo... mmm...
No alcancé a terminar, porque Mateo de repente me agarró la cara y me besó.
El vapor llenaba todo el baño y el calor parecía aumentar con cada segundo.
Su beso fue apasionado, posesivo, hasta que sentí que me faltaba el aire.
Lo empujé suavemente del pecho y al final se apartó.
Me abrazó con fuerza y murmuró junto a mi oído:
—No vuelvas a hacer eso. ¿Y si te pasa algo?
—Pero... me preocupas —respondí en voz baja.
Casi no se oyó.
Mateo m