Camila, desde un costado, me habló con puro sarcasmo:
—Algunas personas son demasiado maniáticas. Es solo una requisa y lo complican todo. ¿De verdad te crees tan valiosa que ni a través de la ropa te pueden tocar?
—Parece que a ti te gusta que te toquen los hombres, ¿no? —dije, con una sonrisa burlona.
—Diles a los guardaespaldas del señor Dupuis que te vuelvan a revisar, que no hicieron bien su trabajo y te lo repitan.
Cuando me oyeron, los guardaespaldas de Waylon bajaron la cabeza, un poco i