Camila, halagada por lo que dijo Waylon, aún tuvo el descaro de sonreírme con aire triunfal.
A veces ,en serio, creía que esta mujer estaba enferma.
Lo miré, seria:
—Ya venir a verlo fue bastante en contra de mi voluntad. Si insiste en revisarme, señor Dupuis, entonces olvídelo. No hace falta que nos veamos. Me voy.
—Aurora...
Waylon se rio un poco y en ese instante cinco o seis guardaespaldas salieron del salón reservado, bloquearon la salida y nos impidieron avanzar.
Mis hombres reaccionaron d