Eran los mismos que hace un momento murmuraban adentro.
Cuando vieron que Mateo y Waylon habían llegado, sus caras se pusieron pálidas de golpe, tanto que hasta daba risa.
Miraron a Mateo, luego a Waylon, y al final eligieron quedar bien con este último.
—Señor Dupuis, qué gusto, qué gusto que hayas venido...
Los cinco corrieron hacia él, exagerando la cortesía como si actuaran en una obra.
Pero a Waylon solo le interesaba Mateo.
Hizo a un lado a esos hombres con un gesto y, con dos guardaespal