Medio dormida, abrí los ojos y lo primero que vi fue la sonrisa tierna de Embi.
—¡Mami, ya despertaste!
Bostecé y me senté.
A mi lado estaba Luki.
—¿Eh? ¿No fueron a la escuela hoy?
—Mami, sigues dormida —dijo Luki con cara seria—. Hoy es sábado, no hay clases.
Ah, cierto.
Volteé y noté que Mateo ya no estaba; ese lado de la cama llevaba rato sin calor.
—Mami... —Embi se trepó encima de mí y me abrazó con emoción—. Papi dijo que hoy nos va a llevar a pasear.
—Perfecto —le contesté, riéndome.
La